Identidad e historia
El término “popoloca” fue impuesto por los mexicas para referirse a todos aquellos grupos que no hablaban náhuatl. Tenía un sentido despectivo que significaba “extranjero”, “bárbaro”, “tartamudo” o “poco inteligente”. Los españoles lo adoptaron de la misma manera, sumando otros apelativos como “chochos” o “chuchones”. Esta generalización dificultó durante siglos la definición precisa de los antecedentes históricos de este pueblo, del cual se ha hablado más por el territorio que habitó que por su propia cultura.
Los popolocas han sido uno de los pueblos indígenas menos numerosos y durante mucho tiempo se les consideró injustamente como una cultura “poco desarrollada”. Su territorio se extendía desde Tlaxcala y Cuauhyahualco hasta Texupan, Oaxaca, y de Tecamachalco y Tlacotepec hasta Cuauhquechullan, en Puebla. En Oaxaca, los chocho-popolocas —ligados al tronco olmeca y hablantes del idioma chocho, estrechamente relacionado con el popoloca— ocuparon zonas como Coixtlahuaca, Texupa, Tamazulapan y Teposcolula. Según el Códice Xólotl, se establecieron en 1168 d.C., después de los mixtecas, con quienes mantuvieron conflictos y más tarde procesos de asimilación cultural.
Los chochos y popolocas compartieron durante siglos una misma lengua y cultura. Con el tiempo, se produjo una separación lingüística y cultural que dio origen a dos grupos distintos: los chochos, hoy localizados al norte de Oaxaca, y los popolocas, en el sureste de Puebla. Esta confusión persiste, pues algunos grupos popolocas llaman “chocho” a su lengua, mientras que los chochos denominan “popoloca” a la suya. Actualmente, el pueblo popoloca se autodenomina ngi-iva, que significa “el que habla la lengua”.
En Puebla, el popoloca es la tercera lengua indígena en importancia, aunque se encuentra en riesgo de desaparición en enclaves como Ixcaquixtla, Nativitas y Santa Inés Ahuatempan.
La llegada de los mexicas durante el reinado de Itzcóatl marcó el inicio del ocaso del poderío popoloca. Moctezuma Ilhuicamina conquistó Talcotepec y Tzinacatepec; Ahuízotl sometió los señoríos de Acatepec y Caltepec, y finalmente Moctezuma Xocoyotzin dominó toda la región tras vencer a Tehuacán y Tepexi el Viejo. Solo el señorío de Cuthá, gobernado por Xopanatl, logró conservar su independencia. Los mexicas impusieron tributos pesados, que incluían cal, huipiles, mantas teñidas en azul y negro, cueros de venado y cañas de otata para lanzas.
Con la llegada de los españoles, y el apoyo de algunos gobernantes popolocas que mantuvieron privilegios, la conquista de la región fue rápida. La evangelización franciscana comenzó en 1529 con la construcción de un convento en Tepeyac, y hacia 1540 ya existían conventos en Tecamachalco, Quecholac y Tecali, desde donde se impulsó la catequización. La labor fue lenta debido a la dificultad del idioma.
Durante la Colonia y aún en la Independencia, los popolocas sufrieron explotación por parte de encomenderos y caciques locales, además de la usurpación de sus tierras comunales, las cuales solo en tiempos recientes han sido reconocidas legalmente, con la dotación de terrenos ejidales a algunas comunidades.
El sureste de Puebla, donde habitaron los popolocas más antiguos, es considerado la cuna de las lenguas otomangues y del maíz, y con ello del inicio de la agricultura mesoamericana.